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Vasconcelos, Prometeo mexicano: 'Por mi Raza hablará el espíritu'

cultura

Con un desempeño ubicuo y brillante, el político, filósofo, rector, se dedicó a abatir el analfa­be­tis­mo y trajo orden a las au­las na­cio­nales; fue el autor de la frase 'Por mi raza hablará el espíritu'

 

CIUDAD DE MÉXICO, marzo .- Creador del célebre lema “Por mi raza hablará el espíritu”, José Vasconcelos Calderón, el Maestro de la juventud de América, fue un revolucionario mexicano, político decepcionado de la política, ideólogo, intelectual polémico, literato, y en 1921, proyectó la que sería la Secretaría de Educación Pública.
Nacido el 28 de febrero de 1882, al estallar la Revolución mexicana de 1910 que derrumbó el régimen de Porfirio Díaz, José Vasconcelos militó en las filas de Francisco I. Madero, posteriormente, al ser asesinado “el apóstol de la democracia” en 1913 por órdenes de Victoriano Huerta, Vasconcelos salió al destierro y se dedicó a viajar por Europa.
Años después, durante la presidencia de Venustiano Carranza, fue nombrado director de la Escuela Nacional Preparatoria, cargo que tuvo que dejar por sus opiniones contrarias hacia el carrancismo.

LA OBRA EDUCATIVA
Siendo presidente de México Álvaro Obregón, en junio de 1920 José Vasconcelos fue designado rector de la Universidad Nacional para reestructurar su organización y con el objetivo de crear una nueva institución educativa que trabajara en beneficio de los mexicanos, la Secretaría de Educación Pública.
Vasconcelos emprendió diversas medidas con la meta de reunir a los distintos niveles educativos, depuró las direcciones de los planteles, inició el reparto de desayunos escolares y puso en marcha la estructura departamental de la naciente institución.
La nueva secretaría fue dividida en tres departamentos principales: el de las Escuelas, para impartir tanto enseñanza científica y técnica como teoría; el de Bibliotecas, para difundir la lectura en todo el país, y el de Bellas Artes, para fomentar la cultura artística. Vasconcelos también creó el Departamento de Enseñanza Indígena, el cual estuvo a cargo de un grupo de maestros que debían inspirarse en la obra de los primeros misioneros españoles.
“Fue una época de entusiasmo y de trabajo sin descanso, en la que Vasconcelos congregó en su derredor a muchos intelectuales y artistas de buena voluntad. El presupuesto destinado a la educación excedió, bajó él, a todas las sumas que hasta ese momento se habían asignado a ese ramo”, relató Genaro Fernández MacGregor en su libro Antología de José Vasconcelos.

FRUSTRACIONES POLÍTICAS
Dos grandes decepciones políticas marcaron la vida y trayectoria política de Vasconcelos, la primera fue su derrota como candidato a la gubernatura de Oaxaca y en 1929 su derrota como contendiente por la Presidencia de la República contra Pascual Ortiz Rubio, el candidato de Plutarco Elías Calles, el Jefe Máximo. Ambas derrotas fueron resultado de las imposiciones y fraudes electorales realizados en su contra.
“Acepté (la candidatura presidencial) porque, habiendo demostrado el pueblo su decisión de ir a las urnas en una elección local, estaba seguro de que volvería a votar por mí en una elección nacional. Y si no se puede armar revolución armada por una violación local del voto, sí es posible y debido consumar una rebelión cuando se ha violado el voto en una elección presidencial. En el 29 no me retiré decepcionado sino que me dediqué durante diez años a predicar la rebelión armada contra el régimen que usurpaba el poder, puesto que desconocía los efectos del voto.
“A los diez años, y viendo que el país entero, incluso Acción Nacional, colaboraban con el general Cárdenas, a quien llamaron ‘gran estadista’, me convencí de que perdía mi tiempo; creí que tal vez el pueblo de México se había cansado y por eso, y no por decepciones personales, me retiré de la política”, escribió Vasconcelos en una carta fechada el 20 de diciembre de 1949.
Durante la campaña por la Presidencia llegó a la vida de Vasconcelos la mecenas de artistas Antonieta Rivas Mercado, quien se enamoró profundamente del Maestro de la juventud de América, a quien apoyó económicamente, le escribía discursos, le llevaba la agenda como candidato, lo acompañaba a las giras proselitistas. Ese amor culminó en la catedral de Notre Dame, en París, donde se suicidó Antonieta.
“La quise, la amé, la respeté, lo concedo: viví eternamente agradecido por haber invertido cuantiosos recursos heredados de su padre en mi campaña. De ninguna manera fue mi responsabilidad que haya agotado su enorme fortuna, ni mucho menos lo es que se haya quitado la vida”, escribió Vasconcelos después del suicidio de Rivas Mercado.
Durante el maximato Vasconcelos decidió abandonar el país y viajar por Europa, Asia y Norteamérica, donde residió hasta que Manuel Ávila Camacho se convirtió en presidente de México.
Ya que durante la administración de Lázaro Cárdenas decidió no ingresar a territorio nacional porque era enemigo del “general”. A su regreso a México, el Maestro de la juventud de América se desempeñó como director de la Biblioteca Nacional.

EL POLÉMICO
Hombre polémico, crítico de “los grandes caudillos de la Revolución y de la Revolución misma”, atraído por la ideología del nacionalsocialismo, José Vasconcelos dirigió la revista Timón, órgano de difusión del nacionalsocialismo en México; prologó el libro Derrota mundial de Salvador Borrego, en el que se plantea que el triunfo de los aliados sobre la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial fue una derrota para el mundo.
“Condenar a José Vasconcelos por estos pecados es propio del resentido o del estulto. Juzgar a un hombre que ha publicado una veintena de libros por hechos aislados de su vida, por frases contradictorias o exageradas o por cualquier otra minucia, constituye una ligereza imperdonable. Hay muchos que todavía desconocen sus virtudes y su alta calidad humana”, escribió Agustín Basave Fernández del Valle en su libro La filosofía de José Vasconcelos.
Para Genaro Fernández MacGregor, compilador del texto Antología de José Vasconcelos, el creador de la SEP es “el mexicano más ilustre desde nuestra independencia hasta nuestros días”, ya que en sus obras abarcó todos los sistemas filosóficos, formando un sistema original.
Entre los múltiples libros de José Vasconcelos destacan: Ulises criollo, La raza cósmica, Hernán Cortés, creador de la nacionalidad, Breve historia de México, Prometeo vencedor y ¿Qué es la Revolución?, entre otros.
Sus restos permanecen en la Catedral Metropolitana de México a petición suya, ya que antes de morir, en una carta, exigió no ser sepultado en la Rotonda de las Personas Ilustres hasta que no se reconociera públicamente que él había triunfado en las elecciones presidenciales de 1929. Hace unos años, en 2009, se abrió la posibilidad de trasladarlos a la Rotonda, pero sus descendientes prefirieron que se quedaran dónde están.