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Editorial

Nudo gordiano

Escrito por YURIRIA SIERRA

El regreso de Videgaray

“El mismo Luis Videgaray admitió ser el gestor del encuentro. Nadie que lo conozca, ni en México ni en el mundo, se atrevería a decir que el secretario de Hacienda se guía por improvisaciones. Al contrario. Es un hombre sumamente inteligente, de cálculo racional, de estrategia, por eso a la avalancha de críticas y de preguntas sobre el porqué del encuentro, le sobrevive el beneficio de la duda…”, escribí en septiembre pasado, una semana después de que Donald Trump, entonces candidato, visitara nuestro país. Un día después de esa publicación, Videgaray salía de Hacienda, en lo que muchos entendieron como una “sanción” por lo mal recibida que fue esta visita. Lo cierto es que, como escribí, acaso la mano más cercana a Peña Nieto fue el único en prever que Trump tenía posibilidades reales de convertirse en Presidente de EU y urgió al acercamiento que desde entonces se antojaba complicadísimo.

Desde luego, a quienes aún no perdonan la visita del republicano, el nombramiento de Videgaray como canciller les significará casi una ofensa. Pero, seamos sensatos, ¿quién al interior del equipo del gobierno federal, o cualquier nivel o poder del Estado, está en condiciones de sentarse a dialogar con el próximo Presidente de EU? Ayer escribía que la Secretaría de Economía, a poco más de 15 días de la toma de posesión, no ha tenido comunicación con el equipo de Trump. Hace unas semanas vimos a legisladores perredistas rompiendo una piñata con la figura del empresario, y hasta un saludo futbolero le mandaron. ¿En qué parte vemos talento político para un diálogo que sin duda será el más complicado en décadas?

Justo cuando se anunció la renuncia de Videgaray a Hacienda, Trump escribía en Twitter: “México ha perdido a un brillante secretario de Hacienda y a un hombre maravilloso que, sé, era altamente respetado por el presidente Enrique Peña Nieto”, y en otro tuit: “Con Luis, México y EU hubieran hecho tratos maravillosos, donde ambos, México y EU, se hubieran beneficiado”. Con esto, la respuesta al regreso de Videgaray al gabinete de Peña Nieto parece responderse sola.

México necesita a alguien capaz de sentarse a la misma mesa con Trump. Todavía no se va Obama y el futuro ya pinta complicado en la relación bilateral. El 2 de enero nos enteramos de que Ford cancelaba su inversión millonaria para la planta de San Luis Potosí, con el objetivo de satisfacer la demanda de Trump de generar —así sean poquitos y no muy significativos— empleos en EU. Le va a salir carísimo a Ford, pero también a México. Y eso es algo que vamos a enfrentar de manera tan imprevisible como constante.

Y es que además de lo obvio, de lo que ya sabemos de Trump (racista, xenófobo, misógino, etcétera), estaremos ante un narcisista consumado: que necesita del aplauso inmediato para satisfacer su autoestima. Por eso no tiene pudor en mentir, en contradecirse, en decir cualquier tontería que le dicte su oportunista olfato para buscar la aprobación de los suyos. Así que es absolutamente previsible que usará a nuestro país como  su “puerquito” cada que las cosas no le salgan en EU como desea, cada que su popularidad empeore, cada que le cuestionen cualquier decisión. México será su chivo expiatorio. Seremos su coartada perfecta, su cortina de humo favorita por la sencilla razón de que somos su rival más débil. Ni China, ni Japón, y mucho menos los países europeos. Ésa fue la lógica que nos convirtió en protagonistas de casi todos sus discursos, mismos que lo llevaron a la victoria electoral. Y aquí sí, no hay otra persona con la inteligencia necesaria, el conocimiento de los entretelones del poder en EU y la cercanía con el equipo del republicano como Videgaray. Él estuvo dispuesto a pagar el costo político de la visita y quienes estuvieron cerca de él lo observaron más humilde y sensible, dicen. Y así hoy regresa al gabinete, en medio de una coyuntura complicadísima —tanto al interior como al exterior de México— que pondrá a prueba no su capacidad de predicción (ésa ya la demostró al vislumbrar a Trump en la Oficina Oval), sino su capacidad para convocar a los mexicanos a defender a nuestro país. Porque Videgaray seguramente tiene clarísimo que esto ya no es ni por Peña Nieto y su gobierno, ni por las posibilidades del PRI de intentar ser competitivo en 2018. No; simplemente por las posibilidades de México para evitar caer con EU en una espiral de la que nos lamentemos dolorosamente en los siguientes años.

 

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